Riñoneras para MTB ¿Me cabrá todo lo que quiero llevar?

Hacía meses que venía barruntando la idea de hacerme con una riñonera para sustituir a la mochila a la hora de llevar herramientas y avíos en mis rutas con la bicicleta de montaña, pero no acababa de lanzarme. Vamos a ver cómo funcionan las riñoneras para MTB.

Cuando vi a Raúl utilizar una y hablar maravillas, especialmente porque le ayudaban a mitigar los dolores en el cuello que viene sufriendo tras varias horas de ruta con mochila, me decidí a probar. Pero por si acaso no me convencía el invento recurrí a la opción china para gastar poco dinero y compré este modelo:

A la venta en Aliexpress por cuatro perras

 

Naturalmente los tirantes los he desechado porque una cosa es ir moderno y otra cosa parecer gilipollas, no mezclemos.

Cuando he recibido la riñonera, un mes y una semana después (como es preceptivo al comprar al gigante asiático) la primera impresión ha sido buena. Tiene un tamaño adecuado, un acolchado adecuado y en general unos acabados razonablemente buenos. No parece que se vaya a romper son solo mirarla, si bien algunas partes podrían estar mejor acabadas. El tiempo dirá si las cremalleras, que no son selladas aunque en las especificaciones se diga que el material es impermeable, resisten o si por contra se acaban rompiendo.

Lo que sí me ha llamado la atención enormemente es la gran capacidad de carga que tiene. No se especifica la capacidad, según mis cálculos basados en las medidas ronda los 6 litros. Este modelo no viene preparado para ser utilizado con vejiga de agua. No me preocupa porque siempre uso bidón y rara vez recurro a llevar agua en la espalda, solo cuando la ruta es larga y sin fuentes donde abastecerse.

El número de compartimentos no es excesivo, pero sí suficiente. Tiene huecos a ambos lados para llevar sendas botellas de agua o bidones adicionales. Dudo que los use. Dos bolsillos frontales para las cosas de tener a mano, dos bolsillos laterales al comienzo de las correas que quedarán a ambos lados de la cadera y un bolsillo central enorme desde el que se accede a un bolsillo interior que se cierra con otra cremallera para guardar los objetos que queremos mantener más protegidos.

En fin, como no se trata de hacer una review profunda de un modelo de riñonera en concreto, no voy a seguir describiéndola porque el propósito de esta entrada (y de una futura en la que expondré mis impresiones tras usar la riñonera en una ruta) es explicaros, queridos lectores, de primera mano si merece la pena desechar la mochila en favor de la riñonera. Así que vamos al grano. Lo primero será ver si me caben todas las cosas que suelo llevar en ruta:

 

  • Mini-bomba con un manómetro que no vale ni para tomar por culo.
  • Chubasquero que ocupa poco, pesa poco y en más de una ocasión me ha salvado de llegar a casa mojado hasta las trancas.
  • Unas cuantas monedas. Herencia de cuando las llevábamos para llamar por teléfono desde una cabina en caso de urgencia. Ahora las llevo para tomar una cerveza en caso de urgencia.
  • Antirrobo. Es básico, seguro que se abre con mirarlo… pero me da seguridad llevarlo por si tengo que dejar la bici momentáneamente para entrar a comprar algo a una tienda, por ejemplo.
  • Un gel y una barrita. Suelo llevar más de una unidad de cada, de hecho.
  • Bolsa con herramientas. Llevo desde una rulina del cambio hasta un tornillo de las calas pasando por una patilla de cambio de recambio. Llamadme exagerado, pero si llevo estos recambios es porque en alguna ocasión me han hecho falta en ruta (a mi o a compañeros de ruta). No faltan, claro está, bridas, herramientas para reparar tubeless, bomba de C02… vamos, el taller en ruta.
  • Multiherramienta Topeak Allien II, la madre de las multiherramientas. Solo le falta la fresadora y la sierra de calar. Lo malo es que pesa un huevo y medio.
  • Cámara de recambio, por si la cosa se pone muy mala a la hora de reparar el tubeless.
  • Paquete de clínex, por si nos entra un apretón, que nunca se sabe.

Pues todas estas cosas han entrado DE SOBRA en la riñonera, para mi sorpresa y regocijo.

Ahora bien, vamos a evaluar el peso. La mochila que uso habitualmente, una Deuter muy maja que los amigos me regalaron hace varios siglos, pesa 670 gramos. La riñonera, 360 gramos. Prácticamente la mitad. Eso es bueno. Pero mi gran duda es que la riñonera cargada pesa 1,65 kilos. Entiendo que si hay riñoneras para ciclismo de montaña preparadas para llevar agua, llevar 1,65 kilos en la cintura no es ninguna locura, pero me he colocado la riñonera «para probar» y se me ha hecho un poco raro, acostumbrado como estoy a llevar ese peso (un poco más) en la espalda.

¿Molestará a la hora de moverse encima de la bici?

¿Me producirá dolores tras varias horas de ruta?

Soy un mar de dudas. A ver si este fin de semana la lluvia, la nieve, los temporales y los extraterrestres nos dan una tregua y puedo por fin salir a dar una vuelta en bicicleta, estreno la riñonera y os cuento mis impresiones de primera mano.

¡Permaneced atentos a vuestras pantallas!

Actualización de la entrada:

Tras probar la riñonera puedes leer mis impresiones en esta otra entrada. No te lo pierdas, hazme caso.

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