¿Quiénes somos?


No somos los más rápidos, ni los más técnicos, ni los que mejor suben, ni los que mejor bajan, ni los que más kilómetros hacen, ni los que más pulsaciones alcanzan, ni los que mejores bicicletas tienen, ni los que más entrenan, ni los que mejor saltan, ni los que mejor derrapan, ni los que mejores caballitos hacen, ni los que mejor pasan por trialeras, ni los que mejor vadean ríos y arroyos, ni siquiera los que mejor se toman las cañas de después. Somos todo lo contrario, somos diferentes, somos perdedores.

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lunes, 10 de octubre de 2022

Leganés - Móstoles - Río Guadarrama - Villaviciosa de Odón - Leganés

Si queremos hacer la Vía Verde del Tajuña completa (ida + vuelta) hay que empezar a meter kilómetros a las piernas así que algunos hemos empezado la preparación yendo desde Leganés hasta el río Guadarrama y volviendo por Villaviciosa de Odón rodando casi siempre, como solemos hacer, por caminos.

Salimos de casa a las 8:00 de la mañana. Tempranito, que va a ser una buena tirada. Sergio, Javi y yo seremos los intrépidos ciclistas que participemos esta mañana de la ruta. Hace fresquete pero sin exagerar. Yo he sacado los guantes de invierno porque prefiero pasar calor a pasar frío, pero llevo los cortos en la mochila. Sergio va en manga corta tan pancho porque creemos que es vasco y Javi con manguitos, una prenda muy versátil que nunca he usado.

Nos ponemos rumbo al Parque de Polvoranca. Está amaneciendo y apenas nos encontramos con gente a nuestro paso. Alguno sacando al perro, otro corriendo.... lo normal a estas horas tempraneras. Rodeamos el parque por sus pistas exteriores para cruzar hacia Alcorcón y luego hacia Móstoles. Vamos siguiendo el mismo camino que cuando fuimos a Toledo pero en vez de atravesar Móstoles por el carril bici lo rodeamos por el sur. No podemos evitar rodar algunos tramos por carretera, pero finalmente llegamos a los campos de fútbol de Iker Casillas. 


Evidentemente hemos ido de cháchara todo el rato, eso es una constante en nuestras rutas. Hay que ponerse al día, comentar las cosas que nos han pasado en los últimos días y revisar los planes que tenemos para fechas futuras. El ritmo es bueno, pero sin fliparse, que acabamos de empezar y queda mucho. 

Atravesamos el parque de El Soto de Móstoles y cogemos el carril bici que lleva hasta la Colonia Guadarrama. Rodamos casi a 30 Km/h porque el terreno es favorable. Al llegar al río en vez de cruzarlo por el remodelado puente giramos a la derecha con la idea de rodar por el sendero de la orilla. Sin duda la parte más bonita de la ruta. Y con muchísima diferencia. Hacía muchos años que no rodaba por ese sendero y espero que no vuelvan a pasar tantos porque merece mucho, mucho la pena. En algún punto nos vemos obligados a echar pie a tierra porque el sendero está cortado por pequeños desmontes naturales y las zarzas que hay por debajo no creo que sean muy acogedoras en caso de caída. 

El sendero es fundamentalmente llano, pero tiene alguna subida y alguna bajada que nos pone en nuestro sitio, no te deja descansar, es ratonero. Muy divertido y completamente limpio de piedras o raíces. Conociéndolo, se disfruta sin duda. Pero todo se termina y en este caso, como suele ser habitual a la hora de alejarse del cauce de un río, nos toca subir un cuestón de tres pares de narices. La cuesta más dura de la jornada, que no es nada del otro mundo pero que hay que subirla con paciencia y desarrollo muy cortito.  Nos estamos aproximando a Villaviciosa de Odón por un camino etiquetado como "Camino de Sacedón" pero nos salimos del él para meternos en un pinar con una bajada divertidísima que recordaba a la Casa de Campo... pero sin gente. Justo antes de llegar a Villaviciosa hacemos una paradita porque quiero comer una barrita, que voy con hambre, y aprovecho para cambiar de guantes y ponerme los de verano, que hace un día buenísimo.

Rodamos un poco por el núcleo urbano de Villaviciosa. Sergio nos está haciendo de guía y a ratos no estamos muy seguros de que estemos yendo por el sitio bueno, pero siempre acaba encontrándose. Se acaba de comprar un GPS pero no lo necesita porque tiene en la cabeza una brújula. 

Volvemos a salir al campo y tengo que echar mano de un gel. Más vale prevenir que curar. No voy completamente vacío pero lo bueno de llevar un tiempecito montando en bici es que uno se conoce bien y es mejor tomarse algo ahora que cuando sea demasiado tarde. Saco de la mochila un gel sabor naranja de la marca 226ERS que en vez de a naranja sabía a mierda pura. Me lo dieron en Festibike cuando estuve probando la Orbea Rise y prometo no comprarlos en la vida. Para gustos, los colores e imagino que también los sabores.

Nos vamos aproximando a la M50 y menos mal que me he tomado el gel. Me va ayudando en los repechos que vamos encontrando, pero Sergio y Javi siempre me dejan atrás. Además de estar bastante más fuertes que yo se van picando en las subidas, lo nunca visto en Perdedores BTT. Creo que hay que pensarse si les echamos del grupo o no. 

El túnel por debajo de la M05 muestra signos de tener mucha vida nocturna. Miles de millones de botellas de cristal, la mayoría rotas, cubren el suelo y hay que ir con cuidado para no pinchar.

Tras el túnel salimos a nuestro recorrido habitual por los caminos que hay entre La Venta de la Rubia y la Ciudad Financiera del Santander. Territorio más que conocido.

Como el gel hace efecto ruedo alegre y hago varios "PR" de Strava seguidos (me salieron 10 "PR" en total). Parece mentira lo que un gel puede hacer. Sabe malo pero funciona bien. Tanto que en vez de ir evitando cuestas, las vamos buscando y acabamos tras 61 kilómetros subiendo la cuesta del cementerio para terminar la faena con las piernas duritas.

No serían las 12 cuando ya estábamos brindando con cerveza en el bar. Cayeron varias en poco tiempo al punto de que si me tomo otra llego a casa pedo antes de las 14:00. Una mañana de sábado perfecta, vaya, que completé con una buena siesta para recuperar. ¡Por muchas más como esta!

lunes, 27 de junio de 2022

Senda fluvial del río Manzanares - De Leganés a El Pardo todo llanito

Me había hablado Sergio sobre un camino que permitía llegar desde la Casa de Campo hasta El Pardo. Una opción muy interesante para hacer con la familia por ser un recorrido prácticamente llano y se me ocurrió la idea de explorarlo previamente saliendo desde Leganés. Serían unos 60 kilómetros que me servirían para quitarme la espinita que tenía clavada desde el fracaso físico de la BiciCoa de la semana anterior. Así que ni corto ni perezoso el domingo 26 de junio me levanté tempranito para ponerme en marcha sobre la bici tras engullir un par de donuts y un café. 

Pongamos un poquito de contexto al asunto. Desde 2016 se llevan realizando distintas acciones en torno al río Manzanares (https://restauracionfluvialriomanzanares.es/).  La "renaturalización" del río (eliminar las presas y dejar que el agua corra) ha supuesto un cambio a nivel biológico impresionante creando un ecosistema efervescente donde antes solo había agua verde (y carpas). No voy a hablar de lo que no sé pero al parecer este acontecimiento y su explosividad sorprendió enormemente a la comunidad científica pertinente, haciéndose eco medios tanto especializados como generalistas. Solo tenéis que buscar en Google "renaturalización del río Manzanares" y entenderéis a lo que me refiero. Algunos enlaces al respecto:

https://www.eysmunicipales.es/actualidad/el-proyecto-de-renaturalizacion-del-manzanares-reconocido-por-su-papel-en-la-mejora-de-la-biodiversidad-urbana#:~:text=Con%20la%20apertura%20de%20las,pasado%20a%20ser%20la%20dominante.

https://www.esmadrid.com/sites/default/files/dossier_plan_naturalizacion_manzanares.pdf

https://elpais.com/ccaa/2018/09/14/madrid/1536928384_530297.html

https://www.rtve.es/noticias/20210819/ciudades-vuelven-mirar-rios/2157008.shtml

Llegar desde mi casa hasta el lago de la Casa de Campo supone rodar por distintos carriles bici durante aproximadamente 15 kilómetros. Nada que destacar al respecto. La mañana era fresca, salí con un maillot largo que no me sobraba en absoluto y con los auriculares de transmisión ósea para ir escuchando la radio como me gusta hacer cuando salgo solo.

Una vez en el lago hay que seguir girando a la izquierda por el Paseo Azul que continúa con el nombre del Paseo de Piñoneros, atravesar la glorieta de la Plaza Moreras, seguir por el mismo paseo dejando a la izquierda la subida al cerro Garabitas y llegar hasta la fuente que hay justo debajo de la vía del tren, donde tomaremos el anillo verde ciclista. Seguimos el anillo pasando por una primera pasarela sobre la Carretera de Castilla y seguimos rodando por el anillo en una de sus partes más bonitas ya junto al río Manzanares. Pasamos por una segunda pasarela que sirve para cruzar la A6 y al bajar llegamos al Puente de San Fernando, donde comienza la senda fluvial del Manzanares. Hay que estar atentos y girar a la derecha al bajar del puente pero en vez de seguir por el anillo ciclista veremos indicaciones de la senda y las seguiremos dando una revuelta y pasando por debajo del Puente de San Fernando.


Ahora rodaremos dejando el río a la izquierda. El camino es ideal salvo un cortísimo tramo en obras que me encuentro junto al Puente de San Fernando a la altura del complejo deportivo de la Federación  de Tenis de Madrid. Avanzo con ilusión y evitando pensar demasiado en la kilometrada que me voy a meter, congratulándome de que la temperatura es perfecta y de la ausencia de viento. Como es bastante habitual rodando por la rivera de un río, los chopos son los protagonistas. Y los ciclistas también, disfrutando de la delicia que es rodar por un camino en tan buen estado.

El siguiente punto de interés por el que pasamos, después de rodar junto al campo de golf  es la antigua Playa de Madrid, una piscina privada que cerró en 2014 y que ahora se encuentra en estado ruinoso. Da un poco de pena pensar en cuánta gente no habrá pasado un buen día de baños allí. Seguimos dándole al pedal y llegamos casi sin darnos cuenta llegamos al club de campo Somontes. Aquí confundo el camino. No me doy cuenta de que puedo seguir de frente porque la senda fluvial pasa entre el río y la valla del recinto y me desvío a la derecha para cruzar la M605 (carretera de Madrid a El Pardo) y continuar rodando en la misma dirección que iba pero en paralelo a la carretera. Y no hay mal que por bien no venga porque echo un rato divertido de senderos. Los senderos de El Pardo son una delicia.

Pasado Somontes vuelvo a acercarme al río y continúo rodando cómodamente. Cruzo la pasarela metálica que construyeron hace unos años en el vado que usábamos las primeras veces que fuimos a El Pardo para cruzar el río. Siempre acabábamos con los pies empapados.

Una vez al otro lado del río llegar a la presa es cuestión de pocos metros. Me encuentro muchos ciclistas haciendo paradita técnica junto al chorro. Yo hago lo mismo y aprovecho para echar un par de fotos y para quitarme el maillot largo, que con el sol ya alto no me va a hacer falta para la vuelta.

Pretendo hacer el camino de vuelta por el mismo sitio por el que he venido así que le doy la vuelta a la bici y me pongo en dirección a la Casa de Campo. Cuando paso de los 40 kilómetros, aún en El Pardo, me empieza a doler el culo. Mal asunto. Procuro levantarme de vez en cuando para aliviar el dolor y mentalizarme porque me quedan por lo menos 20 kilómetros por delante. Llanear mola en el sentido de que es "fácil" mantener una velocidad decente y es placentero rodar por una pista ancha sin tener que estar muy alerta pero tiene la pega de que el cuerpo acusa permanecer tanto rato en la misma postura. Haciendo senderos o bajando uno se mueve más encima de la bici y no llega a sufrir tanto los dolores propios de la postura mantenida durante muchos kilómetros. 

Al avanzar el día el número de usuarios del camino, sobre todo ciclistas, aumenta significativamente. Sobre todo en la Casa de Campo. Justo ante de llegar, ya rodando por carril bici, noto que la rueda delantera suena a pinchazo. Lo mismo que el fin de semana anterior. El líquido tubeless había tapado el agujero pero tal vez se haya vuelto a abrir... o tal vez sea un pinchazo nuevo, no lo sé. La cosa es que el agujero se tapona pero la rueda baja de 1,8 bar (medido al salir de casa) a 0,7 bar (medido al llegar a casa). 

Justo al entrar en la Casa de Campo paro en la fuente que mencioné antes que hay debajo del puente del tren y lleno el bidón de agua. Es un bidón isotérmico y lo había sacado de casa con la mita de hielo y la mitad de agua y un par de horas después me había quedado sin agua porque el hielo no se había derretido del todo. Ya os digo que no era un día caluroso. 

Deshago el camino con calma, no tengo prisa. Se me atraganta el tramo entre el Lago y el Zoo. Siempre se me atraganta, de hecho. Pica un poquito para arriba y las piernas ya no están como para muchas historias después de casi 50 kilómetros. La cuesta que sube del Zoo hasta la el metro de Casa de Campo la subo casi sin darme cuenta atendiendo una llamada telefónica y el del resto poco cabe destacar. Anillo ciclista y algo de tedio para llegar a casa con 63,5 kilómetros y sensación de satisfacción, que es lo que buscaba principalmente.

Track en Wikiloc

En conclusión, todo un descubrimiento esta Senda Fluvial del Manzanares. Muy apta para rutas familiares. Vamos, que estoy 100% seguro de que más pronto que tarde haremos un recorrido Lago-Chorro con merendola de por medio. Y además esta ruta queda registrada para cuando me apetezca "hacer kilómetros" en vez del aburridísimo anillo ciclista. 

lunes, 14 de marzo de 2022

Leganés-Boadilla (12/03/2022)

No sé si os he contado que tenemos en la cabeza un reto perdedor para esta primavera: llegar en bicicleta a Toledo saliendo desde Leganés. Ya comentaremos más en detalle este singular acontecimiento, pero está claro que esa distancia empieza a ser exigente y no se cubre con garantías sin cierto entrenamiento. De manera que en las últimas semanas hemos empezado a incrementar el kilometraje de nuestras salidas en bici y, saliendo desde Leganés, el monte de Boadilla es un excelente escenario. Y como no lo conocemos demasiado bien perderse en sus caminos como hicimos el pasado sábado 12 de marzo fue una experiencia altamente recomendable. Pero comencemos por el principio. 

Daban lluvia el domingo así que optamos por quedar el sábado. La idea era ir a ver al primo Christian y que nos sacara de ruta rodadora por los alrededores de Los Hueros pero el viernes por la tarde tuvo que cancelar porque se le puso malo Leo, el niño pequeño. 

Track disponible en Wikiloc

De manera que, quedando pendiente esa visita para próximos fines de semana, decidimos salir a rodar desde nuestro barrio y hacer una ruta parecida a la que Sergio y yo hicimos el fin de semana anterior, llegando hasta Boadilla, esta vez con la compañía de Javi, al que os presenté en la última ruta y al que veréis mucho de aquí en adelante en este, queridos lectores, vuestro blog.

Comenzamos a las 9:00 con la idea de llegar a Boadilla atravesando la Ciudad Financiera del Banco Santander llegando por los caminos de la venta La Rubia como hemos hecho millones de veces. El viernes llovió con ganas pero no estábamos encontrando demasiado barro, hecho que agradecimos. No hacía nada de viento y la temperatura era agradable. Unas condiciones excelentes para practicar este deporte. 

Los primeros kilómetros pasaron muy rápido y antes de darnos cuenta nos habíamos plantado en Boadilla. Es lo que pasa cuando la conversación y la compañía son del gusto de uno, que los kilómetros pasan como si nada. Tras pasar por la tapia del jardín del palacio del Infante Don Luis cruzamos el llamado Arroyo del Nacedero por un coqueto puentecito de madera y tomamos el camino de la derecha con la idea de rodear el monte. Enseguida empieza a picar hasta arriba, sube hasta la urbanización Montepríncipe, y Javi, que está bastante más fuerte que Sergio y que yo, nos deja atrás a la mínima que el desnivel exige un poco más de la cuenta.

En el Monte de Boadilla hay muchísimos senderos... pero están cerrados con ramas. Se ve que, como pasa con la Casa de Campo, está prohibido su uso ciclista. Es lo que hay. Seguimos rodando por la pista exterior, sin perder cota, junto a las alambradas de los chalets. Tras un repecho giramos a la derecha y el camino comienza a descender. Pasamos junto a una una pila de leña descomunal, recuerdo de Filomena, y otro repecho nos vuelve a calentar las piernas, junto al Hospital Montepríncipe. Subimos hasta la altura de la carretera M513 y en un rápido descenso, siempre por pista, llegamos al complejo deportivo Ángel Nieto.

Pasamos por debajo de la carretera. Llevamos unos 25 kilómetros así que decidimos recorrer algún camino pero sin alejarnos demasiado porque tenemos que volver y tampoco pretendemos hacer 70 kilómetros. Giramos a la izquierda para comenzar a subir otro repecho. No es esta una ruta que tenga subidas largas pero tiene alguna que otra que te calientan las piernas bien.

Los caminos están marcados con postes con flechas azules y en esta parte sí que el barro comienza a hacer acto de presencia. Será porque hay más tierra que arena, claro, y en algún tramo tenemos que prestar atención porque las ruedas resbalan de lo lindo. Pasamos junto a un par de árboles singulares, el segundo de ellos un alcornoque donde hacemos la única parada de la ruta para hacernos una fotito y quien más, quien menos, echar una meadita.

Rodamos girando siempre en sentido "horario" hasta que llegamos de nuevo a la M503. Volvemos a cruzarla por el mismo paso inferior y ponemos rumbo de vuelta. Pero no volveremos exactamente por el mismo sitio. Si bien pasaremos junto a la ciudad financiera rodamos a la vuelta por caminos que se encuentran más hacia el oeste. El último cuestón de la jornada nos lo encontramos justo al salir de Boadilla. Nos cuesta en algún tramo mantener la tracción por culpa del barro.

Como no, Javi se adelanta y nos espera arriba a Sergio y a mí que llegamos con el corazón en la boca.

Y el barro hace acto de presencia definitivamente. La pista que atraviesa la venta La Rubia es un lodazal por el que cuesta trabajo rodar sin caerse. Y eso que la han arreglado hace muy poco. 

Pero ya queda poco y además es cuesta abajo. Ya vislumbramos en nuestras cabezas la merecida recompensa en forma de jarra de cerveza. Pero antes tenemos que pasar la última prueba: como ya es tradición en nuestras subidas, antes de llegar a casa tenemos que subir la cuesta del cementerio. Es una costumbre bastante tonta porque lo que menos apetece después de 50 Km es meterse un calentón como ese. El cuádriceps de mi pierna derecha amenazó con acalambrarse, de hecho.

Y finalmente... la cara de la felicidad. La mejor manera de terminar una ruta. ¡Y que sean muchas las que vengan!

lunes, 17 de enero de 2022

A grandes males, grandes remedios (ruta entre Leganés y Pinto - 15/01/2022)

En ocasiones una ruta se complica de la manera más tonta, es una de las características de este deporte nuestro. Sin venir a cuento, rodando por pistas o carril bici, la mala suerte se presenta de la forma más inesperada. Si queréis saber cómo, seguid leyendo porque esta ruta tuvo tela marinera (¿Esto es un clickbait?).

Track disponible en Wikiloc

La ruta propuesta consistía en un rodar por pistas y carril bici con el objetivo de acumular kilómetros de cara a una aventura/reto que Perdedores BTT haremos en primavera y de la que ya iremos dando cuenta más adelante (¿Esto es un hype?). Saliendo desde Leganés, como podéis ver en el mapa, iríamos hasta el Cerro de los Ángeles, llegaríamos hasta el carril bici que sube por la Marañosa y sin llegar a subir nos desviaríamos a la derecha para acercarnos a Pinto y volver a girar en dirección norte para volver a Getafe pasando por el búnker que hay justo antes de llegar al Cerro de los Ángeles. En total 53 kilómetros con apenas un par de repechos de poca entidad. 

Así pues, Sergio, Raúl y yo nos citamos a las 10:00 de la mañana y con un sol espléndido y nada de viento pero con una temperatura realmente baja comenzamos a dar pedales tranquilamente para calentar las piernas. Llegar hasta el Cerro de los Ángeles supone enlazar carriles bici con parques con ratitos de rodar en carretera. Nada destacable desde el punto de vista ciclístico. Llegamos al pinar del área recreativa del Cerro por el norte y giramos a la derecha para bordearlo por su camino exterior y salir por el extremo sureste y tomar el carril bici que dejamos poco después para cruzar la M50 por un puente que a tal efecto tuvo a bien poner el organismo competente.

Rodamos en ligero descenso hasta el llamado "camino de culebles", que tomamos hacia la izquierda para pasar por debajo de la M301. Rodamos un poco en paralelo a esta carretera para cruzarla, ya usando el carril bici de la Marañosa junto al Convento del Sagrado Corazón de Jesús y San José de la Aldehuela (me lo ha dicho Google Maps). Rodar por este carril bici un sábado por la mañana no es especialmente placentero porque está muy, muy concurrido y algunos ciclistas van muy rápido. Es preciso estar atento para no liarla.

Rodaba Raúl en cabeza, yo en el medio afanándome en hacer alguna foto para documentar esta entrada y Sergio en la cola cuando de repente le oímos gritar que ha roto el sillín. Raúl y yo nos paramos ipso facto y os salimos del carril bici aprovechando que al lado derecho había campo. Sergio, en un alarde de mala suerte, sufre la avería a la altura de una canalización de agua que le impide salirse hacia la derecha y no puede más que pararse a un ladito del carril y sufrir las increpaciones de ciclistas impertinentes que bajaban muy rápido en el sentido contrario y pensaban que Sergio se había parado, interrumpiendo el tráfico, por su polla morena. Los ciclistas que iban detrás se dieron cuenta del percance y solo tuvieron buenas palabras. 

Sergio había roto el raíl izquierdo del sillín de buenas a primeras, como podéis ver en la foto. 

De momento comenzó el brainstorming perdedor para tratar de encontrar una solución al problema. Vaciamos las mochilas para ver con qué elementos contábamos para poder solventar una avería tan peliaguda y, como no, nos viene a la cabeza el percance que sufrió Miguel hace años muy cerca de donde estamos ahora. Y nos preguntamos si acaso los Perdedores estaremos malditos por haber rodado por algún camino privado de la zona o qué se yo y cada vez que vengamos alguno romperá el sillín.   

Se nos pasa por la cabeza "entablillar" el raíl como haríamos con un hueso roto pero Sergio, que es un señor bastante talentoso, encuentra un trozo de tela asfáltica (benditos campos del sur, tan llenos de mierda) que, hábilmente doblada, coloca entre la cabeza de la tija y la cara inferior del sillín de manera que haga tope y pueda apoyar el culo... porque llevábamos apenas 17 o 18 kilómetros y quedaba muchísima tela que cortar.

Pues, fíjate, que la foto anterior está tomada casi al final de la ruta. Vamos, que la solución funcionó al 100%. En el siguiente vídeo podemos ver a Sergio subir un trecho sentado en el sillín con el culo ligeramente torcido, pero sin riesgo extremo de escoliosis para su espalda ni nada parecido. 

Habíamos dejado el carril bici hacia la derecha y ahora rodábamos aproximándonos a la planta de biometanización y compostaje de pinto. Todo un chollo para los pájaros, que pudimos ver a millones. Naturalmente en la foto apenas se aprecia.

Giramos 90 grados a la izquierda para afrontar la subida más dura de la ruta. Por desnivel (rampitas del 12%) y porque se rodaba por un mar de piedras mal puestas, que algunas se movían y otras no. Si el arreglo del sillín suportó esta prueba, se puede hacer la Titan Desert con él. 

Nos dio mucha rabia subir tanto para perder altitud seguidamente de forma abrupta bajando a saco por una pista anchísima y sin ningún aliciente. Y fue ya en el llano cuando, rodando felices y a una velocidad digna, vimos en la pista un barrizal pero no vimos las rodadas de coches y otros ciclistas que lo esquivaban saliéndose hacia la derecha... y conmigo a la cabeza como principal culpable, nos metimos de lleno en el pegajoso elemento. Apenas 10 metros fueron suficientes para embozar las ruedas que, literalmente, dejaron de rodar. Nos bajamos de la bici y salimos al sembrado para salir caminando. Llenamos las zapatillas de barro, calar los pedales iba a ser una cuestión de talento de aquí en adelante.

Sacamos algo de barro con las manos y con palos y nos pusimos a rodar inmediatamente para que la fuerza centrífuga y la de la gravedad nos ahorraran parte del trabajo. Y así fue, los pegotes de barro saltaban de los lindo. Algo más adelante volvimos a parar para quitarnos barro de las calas, que costaba mucho, mucho enganchar en los pedales. Una fiesta, vamos.

Íbamos siguiendo un track descargado de Wikiloc en mi antiguo GPS Garmin que solo admite 500 puntos de manera que el nivel de detalle es escaso. Esto supuso que nos metiéramos por una senda bastante comida de vegetación cuando deberíamos estar rodando por una pista bien hermosa que corría en paralelo por la parte izquierda. Lo malo es que una alambrada separaba la una de la otra y ya en estado de desesperación, tras haber preguntado a unos cazadores y a punto de echar mano de Google Maps para ver cómo salíamos de allí Raúl, que ve bastante bien para la edad que tiene, se dio cuenta de que faltaba un tramo de alambrada. Vamos, que podíamos escapar del coto de caza y comenzar a rodar por el track. Y así lo hicimos... pero no le salió gratis el acierto a Raúl porque poco después empezó a sonar un golpeteo en su bici. El que producía una rama incrustada en su cubierta delantera al golpear contra el puente de su horquilla.

A perro flaco todo son pulgas. Decidimos, con acierto, no sacar el pincho sino cortarlo. De esa manera el mismo elemento maldito que había atravesado la goma haría de tapón. Como mi multiherramienta lleva incorporada una navaja, no fue difícil cortar el palo con una combinación de maña y fuerza para no sacar la púa.

¿Aguantaría la rueda? os confirmo que aguantó, no es plan de teneros en tensión.

Seguimos rodando subiendo una pequeña cuesta y parando arriba para contemplar las vistas y comer algo. Sergio un plátano, que últimamente viene sufriendo de calambres, Raúl un sándwich de Nocilla, que siempre viene bien y yo un trozo de barrita. 

Llevamos poco más de 30 kilómetros y entre sillines rotos, barro y pinchazo hemos avanzado a muy mal ritmo. Desde este momento descartamos tomar una cerveza al final de la ruta, una pena. El próximo día nos tendremos que tomar dos. 

Avanzamos en sentido noroeste ya aproximándonos a Getafe y Raúl, que lleva 4 meses sin usar la bici y además siempre se le acaba cargando la espalda, empieza a pasarlo mal. Sergio, que lleva en la mochila un bote de Réflex para los calambres, le chorrea bien la espalda y el remedio funciona. El efecto frío actúa milagrosamente sobre la musculatura y entre eso y la Nocilla Raúl resucita. 

Todavía sería necesario echar alguna que otra vez Réflex, pero haciendo de tripas corazón llegamos al Búnker.

Y, poco después, atravesando el pinar de El Cerro de los Ángeles por la parte sur esta vez volvemos callejeando desde Getafe a Leganés para completar 53 kilómetros cansados pero contentos.


En primer lugar por habernos visto y haber compartido una mañana de bici, que es una de nuestras pasiones. Sergio, por no haber sufrido calambres, que iba con miedo porque últimamente eran su cruz. Y a Raúl le quedaba conducir hasta Cercedilla pero le esperaba una buena comida en buena compañía. Y milagrosamente habíamos solventado los problemas mecánicos con talento para completar la ruta, así que... contentos.

Será cuestión de hacer bastantes rutas más de por encima de 50 kilómetros y en estas "páginas" (virtuales) podréis leer sobre estas próximas hazañas. Si vosotros queréis, claro.