¿Quiénes somos?


No somos los más rápidos, ni los más técnicos, ni los que mejor suben, ni los que mejor bajan, ni los que más kilómetros hacen, ni los que más pulsaciones alcanzan, ni los que mejores bicicletas tienen, ni los que más entrenan, ni los que mejor saltan, ni los que mejor derrapan, ni los que mejores caballitos hacen, ni los que mejor pasan por trialeras, ni los que mejor vadean ríos y arroyos, ni siquiera los que mejor se toman las cañas de después. Somos todo lo contrario, somos diferentes, somos perdedores.

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lunes, 10 de octubre de 2022

Leganés - Móstoles - Río Guadarrama - Villaviciosa de Odón - Leganés

Si queremos hacer la Vía Verde del Tajuña completa (ida + vuelta) hay que empezar a meter kilómetros a las piernas así que algunos hemos empezado la preparación yendo desde Leganés hasta el río Guadarrama y volviendo por Villaviciosa de Odón rodando casi siempre, como solemos hacer, por caminos.

Salimos de casa a las 8:00 de la mañana. Tempranito, que va a ser una buena tirada. Sergio, Javi y yo seremos los intrépidos ciclistas que participemos esta mañana de la ruta. Hace fresquete pero sin exagerar. Yo he sacado los guantes de invierno porque prefiero pasar calor a pasar frío, pero llevo los cortos en la mochila. Sergio va en manga corta tan pancho porque creemos que es vasco y Javi con manguitos, una prenda muy versátil que nunca he usado.

Nos ponemos rumbo al Parque de Polvoranca. Está amaneciendo y apenas nos encontramos con gente a nuestro paso. Alguno sacando al perro, otro corriendo.... lo normal a estas horas tempraneras. Rodeamos el parque por sus pistas exteriores para cruzar hacia Alcorcón y luego hacia Móstoles. Vamos siguiendo el mismo camino que cuando fuimos a Toledo pero en vez de atravesar Móstoles por el carril bici lo rodeamos por el sur. No podemos evitar rodar algunos tramos por carretera, pero finalmente llegamos a los campos de fútbol de Iker Casillas. 


Evidentemente hemos ido de cháchara todo el rato, eso es una constante en nuestras rutas. Hay que ponerse al día, comentar las cosas que nos han pasado en los últimos días y revisar los planes que tenemos para fechas futuras. El ritmo es bueno, pero sin fliparse, que acabamos de empezar y queda mucho. 

Atravesamos el parque de El Soto de Móstoles y cogemos el carril bici que lleva hasta la Colonia Guadarrama. Rodamos casi a 30 Km/h porque el terreno es favorable. Al llegar al río en vez de cruzarlo por el remodelado puente giramos a la derecha con la idea de rodar por el sendero de la orilla. Sin duda la parte más bonita de la ruta. Y con muchísima diferencia. Hacía muchos años que no rodaba por ese sendero y espero que no vuelvan a pasar tantos porque merece mucho, mucho la pena. En algún punto nos vemos obligados a echar pie a tierra porque el sendero está cortado por pequeños desmontes naturales y las zarzas que hay por debajo no creo que sean muy acogedoras en caso de caída. 

El sendero es fundamentalmente llano, pero tiene alguna subida y alguna bajada que nos pone en nuestro sitio, no te deja descansar, es ratonero. Muy divertido y completamente limpio de piedras o raíces. Conociéndolo, se disfruta sin duda. Pero todo se termina y en este caso, como suele ser habitual a la hora de alejarse del cauce de un río, nos toca subir un cuestón de tres pares de narices. La cuesta más dura de la jornada, que no es nada del otro mundo pero que hay que subirla con paciencia y desarrollo muy cortito.  Nos estamos aproximando a Villaviciosa de Odón por un camino etiquetado como "Camino de Sacedón" pero nos salimos del él para meternos en un pinar con una bajada divertidísima que recordaba a la Casa de Campo... pero sin gente. Justo antes de llegar a Villaviciosa hacemos una paradita porque quiero comer una barrita, que voy con hambre, y aprovecho para cambiar de guantes y ponerme los de verano, que hace un día buenísimo.

Rodamos un poco por el núcleo urbano de Villaviciosa. Sergio nos está haciendo de guía y a ratos no estamos muy seguros de que estemos yendo por el sitio bueno, pero siempre acaba encontrándose. Se acaba de comprar un GPS pero no lo necesita porque tiene en la cabeza una brújula. 

Volvemos a salir al campo y tengo que echar mano de un gel. Más vale prevenir que curar. No voy completamente vacío pero lo bueno de llevar un tiempecito montando en bici es que uno se conoce bien y es mejor tomarse algo ahora que cuando sea demasiado tarde. Saco de la mochila un gel sabor naranja de la marca 226ERS que en vez de a naranja sabía a mierda pura. Me lo dieron en Festibike cuando estuve probando la Orbea Rise y prometo no comprarlos en la vida. Para gustos, los colores e imagino que también los sabores.

Nos vamos aproximando a la M50 y menos mal que me he tomado el gel. Me va ayudando en los repechos que vamos encontrando, pero Sergio y Javi siempre me dejan atrás. Además de estar bastante más fuertes que yo se van picando en las subidas, lo nunca visto en Perdedores BTT. Creo que hay que pensarse si les echamos del grupo o no. 

El túnel por debajo de la M05 muestra signos de tener mucha vida nocturna. Miles de millones de botellas de cristal, la mayoría rotas, cubren el suelo y hay que ir con cuidado para no pinchar.

Tras el túnel salimos a nuestro recorrido habitual por los caminos que hay entre La Venta de la Rubia y la Ciudad Financiera del Santander. Territorio más que conocido.

Como el gel hace efecto ruedo alegre y hago varios "PR" de Strava seguidos (me salieron 10 "PR" en total). Parece mentira lo que un gel puede hacer. Sabe malo pero funciona bien. Tanto que en vez de ir evitando cuestas, las vamos buscando y acabamos tras 61 kilómetros subiendo la cuesta del cementerio para terminar la faena con las piernas duritas.

No serían las 12 cuando ya estábamos brindando con cerveza en el bar. Cayeron varias en poco tiempo al punto de que si me tomo otra llego a casa pedo antes de las 14:00. Una mañana de sábado perfecta, vaya, que completé con una buena siesta para recuperar. ¡Por muchas más como esta!

lunes, 9 de mayo de 2022

Ciclismo en familia - Mi primera nocturna "chispas"

No nos engañemos. Si entendéis el título de esta entrada es porque tenéis una edad. Culpa vuestra por haber nacido tan pronto. 


Bromas aparte, hoy queremos hablar sobre una experiencia que debéis vivir si sois aficionados al ciclismo con niños: una ruta nocturna. Los Perdedores hemos hecho varias grupales y muchas individuales (quien más quien menos) y siempre lo hemos pasado muy, muy bien:


Porque por la noche (que a algunos les confunde), con la falta de visión, otros sentidos se agudizan. El campo huele distinto, las diferencias de temperatura (por ejemplo entre una vaguada y una zona asfaltada) se notan muchísimo, hay sonidos que no se escuchan durante el día. Puede ser, incluso, que veamos algún animal que no veamos durante el día. Y, especialmente, rodar es mucho más emocionante. Y esto tienen que vivirlo los niños porque si a los mayores nos engancha, los niños no daban crédito. Vivieron una aventura, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Sergio y yo tenemos focos que ofrecen ciertas garantías, pero para hacer a los pequeños partícipes les compramos unos focos en un bazar chino. No recomiendo esta compra, los tres focos se rompieron por el mismo sitio: por el carril que une el foco a su suporte de manillar. El primero en romper, el de Alicia, duró unos 200 metros solamente. Pudimos mantenerlos en su sitio con gomas elásticas pero, repito, no los compréis ni locos porque son una auténtica mierda. Además usan muchas pilas. Cada foco frontal usa 4 pìlas AAA. Los traseros, los rojos, dos pilas AAA. Las pilas no vienen incluidas.


Tampoco iluminan mucho, pero esto ya lo suponíamos. La idea, como digo, era hacerles partícipes de la experiencia al 100%. 
Salimos de casa sobre las 18:00. En esta época del año anochece sobre las 21:00. La idea era llegar hasta el parque de Polvoranca, cenar allí en un merendero, dejar que los niños jueguen hasta que cayera la noche y volver ya con oscuridad. 


Para acarrear la merendola Sergio llevaba una mochila a la espalda. Yo llevaba la bicicleta que he preparado para este tipo de salidas, con alforjas. Quería probar qué tal iba y reconozco que tengo que mirar la transmisión porque no va del todo fina.
 

Se puede llegar al Parque de Polvoranca por carril bici en unos 20 minutos a ritmo infantil pero preferimos aumentar un poco la distancia y llegar dando un rodeo. Así que tomamos camino del parque lineal del Butarque, continuamos por el parque de las presillas ya perteneciente a Alcorcón y giramos a la derecha para dirigirnos finalmente a Polvoranca por el carril bici de la Ronda Norte a la altura del barrio de La Poza del Agua. 


Hacía muy buena tarde y, será consecuencia de la pandemia, como decía Sergio, que estaba todo abarrotado de gente. Tal vez nos hemos dado cuenta a las bravas de que se está mejor en el campo (parque) que en el centro comercial. 


Cuando surgieron las primeras preguntas del tipo "¿Cuándo llegamos?" o las primeras afirmaciones del tipo "tengo hambre" hicimos una parada técnica para mantener alta la motivación y distraer la atención. Apenas 10 minutitos para escalar un par de veces una pirámide de cuerda


Y para que Sergio trasteara con la bici de Lourdes. A pesar de ser de su talla se extraña mucho de la anchura y altura del manillar, siendo una bici de rueda de 29", en comparación con su veterana Rockrider 8,2 de 26".


Llegamos a Polvoranca sobre las 19:30 y el aparcamiento estaba abarrotado. No habíamos llevado una manta para tirarla al suelo y tuvimos dudas de si encontraríamos un merendero libre, pero por suerte hay tantos que no tuvimos problemas y enseguida estuvimos acomodados en uno de ellos. Laura y yo nos acercamos al quiosco a por unos refrescos y unas cervezas y como veníamos con hambre nos pusimos a comer.


Bocatas, empanada, tortilla, ensalada de pasta, queso, morcilla... todo sabe mucho mejor al aire libre después de dar pedales. Eso es un hecho constatable aunque no haya, que no sé si los hay, estudios que lo demuestren.  

Los niños tardaron poco en saciarse y se fueron a jugar a unos columpios que había al lado de donde estábamos y los mayores nos quedamos pasando frío. La temperatura en el parque es dos o tres grados más baja que en las calles pepineras y eso se nota. A pesar de llevar mangas largas, estando parado se quedaba uno frío. 


Cuando el sol se había metido y ya había suficiente oscuridad decidimos ponernos en marcha. Pero en vez de volver directamente decidimos dar una vuelta al perímetro exterior del parque porque no habiendo farolas solo tendríamos nuestros focos para iluminarnos mientras que en la ciudad podríamos rodar por el carril bici relativamente bien iluminado.

Apenas serían un par de kilómetros, pero supieron a gloria. Nocturnidad 100%. La pista exterior es ancha y las  tres niñas rodaban en cabeza en paralelo (peligroso). 


Alargamos el momento de diversión lo máximo posible y finalmente salimos del parque con una sonrisa en la boca. Tomamos el carril bici y pusimos rumbo a casa. La adrenalina corría por las venas de las niñas que sin conocimiento se lanzaban cuesta abajo sin apenas ver y sin conocer el camino, lo que produjo una caída, por suerte sin consecuencias, al clavar Ali la rueda delantera en un banco de arena. 

Llegamos a casa en torno a las 23:00 tras recorrer unos 23 kilómetros.  


Y, como no, la foto final para recordar la aventura vivida por los siglos de los siglos. 


Como decía al principio, si salís en bici con niños pensad en preparar una ruta nocturna. Ya sabéis, un recorrido conocido y sencillo que las sorpresas se pueden presentar solas y por la noche se resuelven peor que por el día. Es una experiencia que no os defraudará a vosotros los adultos y mucho menos a los niños. Los nuestros se lo pasaron pipa y quieren repetir. Y Lourdes, que para ella también fue la primera ruta nocturna y acabó diciéndonos a Sergio y a mí que para cuando la próxima y que pensáramos en un recorrido diferente. Tendremos que planearlo, claro. ¿Quién se apunta?