¿Quiénes somos?


No somos los más rápidos, ni los más técnicos, ni los que mejor suben, ni los que mejor bajan, ni los que más kilómetros hacen, ni los que más pulsaciones alcanzan, ni los que mejores bicicletas tienen, ni los que más entrenan, ni los que mejor saltan, ni los que mejor derrapan, ni los que mejores caballitos hacen, ni los que mejor pasan por trialeras, ni los que mejor vadean ríos y arroyos, ni siquiera los que mejor se toman las cañas de después. Somos todo lo contrario, somos diferentes, somos perdedores.

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viernes, 12 de agosto de 2022

Ciclismo en Familia - Ruta nocturnas por el Valle de los Pedroches

Huyendo del calor agobiante de Madrid decidimos pasar unos días en Conquista, que durante el día hace mucho calor pero por la noche se puede dormir dignamente. Y dando la casualidad de que el Ayuntamiento organizaba marchas cicloturistas vespertinas/nocturnas no pudimos dejar pasar la oportunidad de llevar las bicicletas para disfrutar de estos eventos lúdico-ciclistas en compañía de otras familias del pueblo.


Nos apuntamos un poco a ciegas porque no sabíamos ni el recorrido, ni el kilometraje ni nada de nada... pero conociendo la zona y siendo una ruta familiar ya me imaginaba yo por dónde se marcharía: buscando el terreno lo más llano posible, que no es fácil en Conquista.


Y así acudimos con puntualidad a la cita. Y al llegar al punto de encuentro ya vimos a bastante participantes esperando con ilusión el comienzo de la ruta. En pocos minutos estuvimos todos (la organizadora pasó lista) y comenzamos a dar pedales en dirección sur, por las pistas que van en paralelo al Arroyo Grande. La idea era hacer dos recorridos. Uno corto, para los más pequeños, que los había incluso con ruedines en sus pequeñas bicicletas de 12", y otro "largo". Entrecomillo el adjetivo porque tenemos que relativizar. Es una marcha de aproximación a este deporte pensada para que todo el mundo pueda terminarla sin echar el estómago por la boca. Disculpad lo explícito de la expresión pero a veces tengo que escribir así para que lo entendáis, que sois de traca algunos, ¿eh? (broma). 


Este tipo de eventos me dan un poco de miedo porque es cuando saca la bici mucha gente que no está habituada a montar en bici y puede ser que se paren en mitad del camino de golpe, se crucen, etc. Todo hay que decirlo, no pasó nada de eso y del nutrido grupo de mayores y pequeños que salimos del pabellón polideportivo nadie fue causante de tragedias ni propias ni ajenas.


La primera parte del recorrido era totalmente llana y la pista presentaba un firme excelente. Era sencillo rodar la bicicleta y sirvió perfectamente de adaptación para que los participantes fuéramos acostumbrándonos a rodar en pelotón, guardar distancia, etc. 

Pasados 2 kilómetros se hizo la primera parada y los pequeños participantes de la ruta corta y sus progenitores se dieron media vuelta. El resto seguimos camino encarando la parte más dura de la ruta, unos dos kilómetros y medio de subida que si bien no tiene rampas fuertes hay que tener un mínimo de forma física para aguantar.


Como suele suceder en las subidas, cada cual sube a su ritmo. Más si cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre y de edades tan distintas. Lo que se hace en estos casos, efectivamente, es reagruparse arriba, Y aprovechando la ocasión y como en Conquista es raro que se junten más de tres personas y no se acabe comiendo y bebiendo, la furgoneta de apoyo (que iba detrás de la comitiva haciendo las veces de coche escoba junto con un 4x4) abrió sus portones traseros para ofrecer al personal bebidas frías y aperitivos.


Una Coca-Cola helada en el monte después de andar un rato subiendo en bici es mi definición de éxtasis. Y así la disfruté, picoteando además unas patatas fritas. Vamos, un planazo. Lourdes y las niñas hicieron lo propio, lo mismo que el resto de participantes, mayores y pequeños, que disfrutaron de una parada de lo más agradable mientras el sol terminaba de caer por el oeste (como viene siendo habitual en Conquista en los últimos años).


Con los focos y las luces de rojas de posición ya encendidas (aunque todavía había luz natural como para moverse sin peligro) reanudamos la marcha y lo que tocaba era bajar un buen rato. Vamos, todo lo que habíamos subido prácticamente. Como conozco la zona sé que hay rebaños de ovejas y mastines guardándolas. Alguna vez me ha tocado apretar el paso para "escapar" de ellos (que no hacen nada, solo su trabajo que consiste en hacer que te alejes). En esta ocasión también los había pero curiosamente no se atrevían a acercarse mucho a esa "manada" de seres, mitad orgánicos y mitad metálicos, con ojos brillantes de color blanco y rojo, que se desplazaba por su territorio a proteger a unos 10 kilómetros por hora. Todo debía de parecerles muy extraño. 

Cruzamos la carretera pero para hacerlo en condiciones de seguridad los dos vehículos que nos acompañaron se cruzaron a ambos lados del camino a modo de barricada de manera que los coches que pudieran venir (pocos, a esa hora por esa carretera) estuvieran obligados a parar. 


Y tras una breve subida (la última) ya solamente iluminados por nuestros focos, solo quedaba dejarse deslizar cuesta abajo hasta llegar al pueblo cruzando la carretera de Fuencaliente para disfrutar de un segundo aperitivo en el punto de partida. 


Fueron apenas 10 kilómetros que se hicieron muy amenos y, por suerte, sin pasar demasiado calor a esas horas avanzadas de la tarde. Además rodar en compañía siempre es un aliciente. 

Agradezco desde aquí al ayuntamiento que celebre este tipo de eventos que nos amenizan el verano y ponen en valor tanto el entorno de Conquista (que siendo sinceros en verano no muestra su mejor cara) como la práctica del ciclismo (y senderismo, que hace pocos días se celebró una marcha a pie muy bonita). 


El domingo (la ruta fue el jueves y es viernes cuando escribo esta crónica) se celebrará otra marcha pero un poco más larga. A este recorrido se le añade otro tanto. Yo me he apuntado, ya os contaré qué tal.

lunes, 9 de mayo de 2022

Ciclismo en familia - Mi primera nocturna "chispas"

No nos engañemos. Si entendéis el título de esta entrada es porque tenéis una edad. Culpa vuestra por haber nacido tan pronto. 


Bromas aparte, hoy queremos hablar sobre una experiencia que debéis vivir si sois aficionados al ciclismo con niños: una ruta nocturna. Los Perdedores hemos hecho varias grupales y muchas individuales (quien más quien menos) y siempre lo hemos pasado muy, muy bien:


Porque por la noche (que a algunos les confunde), con la falta de visión, otros sentidos se agudizan. El campo huele distinto, las diferencias de temperatura (por ejemplo entre una vaguada y una zona asfaltada) se notan muchísimo, hay sonidos que no se escuchan durante el día. Puede ser, incluso, que veamos algún animal que no veamos durante el día. Y, especialmente, rodar es mucho más emocionante. Y esto tienen que vivirlo los niños porque si a los mayores nos engancha, los niños no daban crédito. Vivieron una aventura, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Sergio y yo tenemos focos que ofrecen ciertas garantías, pero para hacer a los pequeños partícipes les compramos unos focos en un bazar chino. No recomiendo esta compra, los tres focos se rompieron por el mismo sitio: por el carril que une el foco a su suporte de manillar. El primero en romper, el de Alicia, duró unos 200 metros solamente. Pudimos mantenerlos en su sitio con gomas elásticas pero, repito, no los compréis ni locos porque son una auténtica mierda. Además usan muchas pilas. Cada foco frontal usa 4 pìlas AAA. Los traseros, los rojos, dos pilas AAA. Las pilas no vienen incluidas.


Tampoco iluminan mucho, pero esto ya lo suponíamos. La idea, como digo, era hacerles partícipes de la experiencia al 100%. 
Salimos de casa sobre las 18:00. En esta época del año anochece sobre las 21:00. La idea era llegar hasta el parque de Polvoranca, cenar allí en un merendero, dejar que los niños jueguen hasta que cayera la noche y volver ya con oscuridad. 


Para acarrear la merendola Sergio llevaba una mochila a la espalda. Yo llevaba la bicicleta que he preparado para este tipo de salidas, con alforjas. Quería probar qué tal iba y reconozco que tengo que mirar la transmisión porque no va del todo fina.
 

Se puede llegar al Parque de Polvoranca por carril bici en unos 20 minutos a ritmo infantil pero preferimos aumentar un poco la distancia y llegar dando un rodeo. Así que tomamos camino del parque lineal del Butarque, continuamos por el parque de las presillas ya perteneciente a Alcorcón y giramos a la derecha para dirigirnos finalmente a Polvoranca por el carril bici de la Ronda Norte a la altura del barrio de La Poza del Agua. 


Hacía muy buena tarde y, será consecuencia de la pandemia, como decía Sergio, que estaba todo abarrotado de gente. Tal vez nos hemos dado cuenta a las bravas de que se está mejor en el campo (parque) que en el centro comercial. 


Cuando surgieron las primeras preguntas del tipo "¿Cuándo llegamos?" o las primeras afirmaciones del tipo "tengo hambre" hicimos una parada técnica para mantener alta la motivación y distraer la atención. Apenas 10 minutitos para escalar un par de veces una pirámide de cuerda


Y para que Sergio trasteara con la bici de Lourdes. A pesar de ser de su talla se extraña mucho de la anchura y altura del manillar, siendo una bici de rueda de 29", en comparación con su veterana Rockrider 8,2 de 26".


Llegamos a Polvoranca sobre las 19:30 y el aparcamiento estaba abarrotado. No habíamos llevado una manta para tirarla al suelo y tuvimos dudas de si encontraríamos un merendero libre, pero por suerte hay tantos que no tuvimos problemas y enseguida estuvimos acomodados en uno de ellos. Laura y yo nos acercamos al quiosco a por unos refrescos y unas cervezas y como veníamos con hambre nos pusimos a comer.


Bocatas, empanada, tortilla, ensalada de pasta, queso, morcilla... todo sabe mucho mejor al aire libre después de dar pedales. Eso es un hecho constatable aunque no haya, que no sé si los hay, estudios que lo demuestren.  

Los niños tardaron poco en saciarse y se fueron a jugar a unos columpios que había al lado de donde estábamos y los mayores nos quedamos pasando frío. La temperatura en el parque es dos o tres grados más baja que en las calles pepineras y eso se nota. A pesar de llevar mangas largas, estando parado se quedaba uno frío. 


Cuando el sol se había metido y ya había suficiente oscuridad decidimos ponernos en marcha. Pero en vez de volver directamente decidimos dar una vuelta al perímetro exterior del parque porque no habiendo farolas solo tendríamos nuestros focos para iluminarnos mientras que en la ciudad podríamos rodar por el carril bici relativamente bien iluminado.

Apenas serían un par de kilómetros, pero supieron a gloria. Nocturnidad 100%. La pista exterior es ancha y las  tres niñas rodaban en cabeza en paralelo (peligroso). 


Alargamos el momento de diversión lo máximo posible y finalmente salimos del parque con una sonrisa en la boca. Tomamos el carril bici y pusimos rumbo a casa. La adrenalina corría por las venas de las niñas que sin conocimiento se lanzaban cuesta abajo sin apenas ver y sin conocer el camino, lo que produjo una caída, por suerte sin consecuencias, al clavar Ali la rueda delantera en un banco de arena. 

Llegamos a casa en torno a las 23:00 tras recorrer unos 23 kilómetros.  


Y, como no, la foto final para recordar la aventura vivida por los siglos de los siglos. 


Como decía al principio, si salís en bici con niños pensad en preparar una ruta nocturna. Ya sabéis, un recorrido conocido y sencillo que las sorpresas se pueden presentar solas y por la noche se resuelven peor que por el día. Es una experiencia que no os defraudará a vosotros los adultos y mucho menos a los niños. Los nuestros se lo pasaron pipa y quieren repetir. Y Lourdes, que para ella también fue la primera ruta nocturna y acabó diciéndonos a Sergio y a mí que para cuando la próxima y que pensáramos en un recorrido diferente. Tendremos que planearlo, claro. ¿Quién se apunta?