¿Quiénes somos?
No somos los más rápidos, ni los más técnicos, ni los que mejor suben, ni los que mejor bajan, ni los que más kilómetros hacen, ni los que más pulsaciones alcanzan, ni los que mejores bicicletas tienen, ni los que más entrenan, ni los que mejor saltan, ni los que mejor derrapan, ni los que mejores caballitos hacen, ni los que mejor pasan por trialeras, ni los que mejor vadean ríos y arroyos, ni siquiera los que mejor se toman las cañas de después. Somos todo lo contrario, somos diferentes, somos perdedores.
lunes, 9 de mayo de 2022
Ciclismo en familia - Mi primera nocturna "chispas"
lunes, 25 de abril de 2022
Moralzarzal - Hoyo de Manzanares - Moralzarzal - Tortillas de patata (con cebolla)
A veces sucede que el plan alternativo acaba superando al original. Y no miento mucho si digo (escribo) que el pasado domingo 24 de abril esto mismo pudo pasar. Menuda RUTAZA (observe el lector que lo he escrito con mayúsculas) nos preparó Jesús. Pero dejad que os cuente desde el principio como mandan los cánones perdedoristas, que esta ruta tiene un contexto.
Resulta que este era el fin de semana elegido y esperado desde hace meses para hacer una ruta que llevamos meses preparando: Leganés-Toledo. Pero como había estado lloviendo intensamente durante la semana, especialmente el viernes y el sábado, decidimos posponer este reto para más adelante. Aunque el domingo 24 se anunciaba soleado, los caminos estarían llenitos de barro y no es lo mismo cubrir esta distancia, que nos saca de nuestra zona de confort a todos los perdedores, con los caminos buenos que con mil millones de charcos que esquivar y el lastre del mencionado barro pegado a las ruedas.
De manera que para quitarnos el mal sabor de boca Jesús propuso que nos acercáramos hasta Moralzarzal, localidad donde él reside felizmente, e hiciéramos ruta hacia Hoyo de Manzanares recorriendo senderos divertidísimos y con cierta dificultad técnica. Es una zona que él viene recorriendo en los últimos meses y más ahora con su nueva bicicleta, que le permite acometer rutas con más comodidad y seguridad que su antigua Trek, de la que dimos cuenta en entradas anteriores.
De manera que a las 9:00 estábamos allí Sergio, Natalia, Jaime, Jesús y un servidor. A esa hora tempranera si te despistabas a la sombra te quedabas frío. Íbamos con ropa larga y no nos sobraba. A Natalia, que le gusta subir pero bajar aún le da miedo porque lleva poco tiempo practicando este deporte, se le metió el susto en el cuerpo cuando empezamos a hablar, justo antes de comenzar a rodar. De las dificultades que los senderos semi-endureros nos iban a deparar. Tratamos de tranquilizarla diciendo que pararíamos las veces que fueran necesarias y que si había que bajar caminando, pues se haría. Y con esto nos pusimos a pedalear saliendo de Moralzarzal en sentido sur callejeando aproximadamente un kilómetro hasta que nuestras taqueadas ruedas tomaron por fin contacto con la tierra del primer camino. Y sabiendo desde el principio que nos íbamos a cascar más de 600 metros de desnivel en apenas 30 kilómetros no es de extrañar que enseguida el camino empiece a picar para arriba. Primero con suavidad, luego con impertinencia al llegar a la urbanización "Dominio de Fontenebro" donde tan parecidas eran las calles a las de San Francisco que vemos en las películas que solo nos faltaba un coche siendo perseguido por la policía.
Salimos de la urbanización pero aún nos quedaba una cuesta por camino para terminar de rematar la ascensión. Llegamos con entereza, siendo el principio de la ruta. Según palabras de Jesús, estábamos en el punto más alto de la ruta. Eso no quería decir, ni muchísimo menos, que hubiéramos ascendido todo lo que nos tocaba ese día. Ya no teníamos frío e incluso empezaba a sobrarnos ropa.
Comenzamos a descender por la misma pista (tras alcanzar su punto de inflexión) a buena velocidad hasta llegar a perder más o menos la mitad de cota, momento en el que Jesús nos para y nos indica que tenemos que tomar un camino que aparece a la izquierda: la senda de los elefantes. Nos dice que comienza siendo más o menos sencillo pero que enseguida vienen la piedras. Natalia se acongoja un poco y comenzamos a bajar en fila india, naturalmente, siendo Jesús el primero por conocer el sendero y siguiéndole yo mismo y Sergio. Jaime y Natalia cerrarían la expedición. Habiendo recorrido un buen trecho del sendero decidimos pararnos a reagruparnos y a dejar pasar a un grupo numeroso de ciclistas que bajan más deprisa que nosotros. Fue recurrente ver bicicletas de trail y enduro por la zona, eléctricas o no. Pocas vimos de XC y poquísimas rígidas.
Jaime y Natalia llegaron a nuestra altura. Ella estaba apurada, viendo la que se le venía encima. La dificultad de la senda, estrecha, con escalones de piedras y roderas del agua, excedía con creces los obstáculos por los que ella acostumbra a rodar y no tenía todas consigo de poder seguir en ruta con seguridad. Nos pidió consejo y le bajamos el sillín para que tuviera más control en las bajadas e igualmente le recomendamos frenar con ambas manos (solo usaba el trasero por miedo a salir por encima del manillar si usa el delantero... maldito mito) y echar el peso para atrás poniéndose de pie encima de los pedales adquiriendo una postura que facilitara gestionar las trampas del camino con mayor seguridad.
Tocaba cruzar el segundo arroyo del día (aunque el primero era apenas un charco a la salida de Moralzarzal). La cosa es que para bajar hasta su cauce había que rodar por una roca de granito gigante y contraperalteada. El agua cubría hasta casi el eje de las ruedas y quien más, quien menos nos mojamos los pies. A continuación, una subida técnica, porque de eso iba a ir la ruta de hoy, de enlazar bajadas de la muerte con subidas duras, técnicas y muy divertidas. Y para descansar entre medias, subidas por pistas. Vamos... que desde el kilómetro 8 ya sabíamos que llegaríamos a las cervezas con la lengua fuera.
Comenzamos la segunda ascensión del día, significativamente más corta que la primera. Un poco de pisteo nos hace llegar a La Berzosa pero la rodeamos por el norte para enlazar con otro sendero. Posiblemente el más empinado del día. Comienzo bajando en último lugar, detrás de Natalia, para ver si ha empezado a sacar provecho de nuestros consejos y me alegra ver que sí, que empieza a gestionar los obstáculos con cierta solvencia.
lunes, 18 de abril de 2022
Ciclismo en familia - Vía Verde de la Minería (Córdoba)
Visitar el Valle de los Pedroches (provincia de Córdoba) en primavera siempre es una buena idea. Si además uno de los planes consiste en un día de bicicleta en familia recorriendo una vía verde, la cosa empieza a pintar muy bien. Si añadimos también que buenos amigos compartirán la jornada con nosotros y que el día elegido amanece soleado y con una temperatura perfecta tenemos todas las papeletas para pasar un rato que recordaremos durante muchos años.
Pero vamos por partes. Estamos hablando de la Vía Verde de la Minería. Un recorrido lineal que no llega a 15 Km y que comienza en las afueras de Alcaracejos / Villanueva del Duque y que termina en el límite municipal de Villanueva del Duque con Bélmez. Teníamos pendiente recorrer esta Vía Verde desde la primavera de 2020 pero la pandemia nos lo impidió. Las vacaciones de Semana Santa nos brindaron una nueva oportunidad y Pablo y su hijo Samuel no se lo quisieron perder.
Con tanta bicicleta el patio de la casa parecía una tienda de bicis. Mamen, la madre de la criatura y pareja conyugal de Pablo se tuvo que quedar en casa descansando porque una contractura en el cogote le impedía la práctica del ciclismo por suave que este fuera. Ya habrá más ocasiones de salir en bicicleta por los campos de España.
La primera impresión, que muchas veces es la que cuenta, es excelente. Hay buen aparcamiento, paneles explicativos, aparcamiento de bicicletas y la antigua estación está restaurada para deleite del visitante. La cosa pinta bastante bien. Son las 13:00 cuando comenzamos a dar pedales tras bajar las bicis de los coches y terminar de hacer los últimos ajustes. Para esta ocasión monté un portabultos en el cuadro de la Kona Explosif, que tiene roscas para tal propósito. Es curioso pensar que una bicicleta que en su día era muy, muy top pudiera llevar estas roscas. Es como si hoy las llevara una Specialized Epic HT, se me ocurre. Se ve que antes, al haber menos especialización, las mismas bicis servían para cicloturistear y para competir.
En este caso, en vez de unas alforjas, llevaba una vieja nevera de tela bien amarrada con bebida y algo de comida, lo que requería frío. El pan y algo de aperitivos los llevaba Pablo en una mochila.
Nos perdimos un poco al principio y tratando de seguir el trazado original del tren minero acabamos rodando por un pedregal que en pocos metros se convirtió en campo de cultivo. Fueron apenas 200 metros en los que no perdí el teléfono de milagro al salírseme del bolsillo con el meneíto. Menos mal que Lourdes rodaba detrás mía y lo vio caer. En realidad el recorrido correcto estaba a unos metros a nuestra izquierda. Y estaba bien señalizado. Fallo nuestro.
Afortunadamente la dirección era correcta y pudimos enlazar con la Vía Verde enseguida. Teníamos ante nosotros una recta infinita que recorrer. A ambos lados, alambrada y ganado disperso aquí y allá. El rodar era placentero, recién estrenada nuestra aventura. Extrañamente apenas nos cruzamos con otros usuarios. Una infraestructura como esta en los alrededores de Madrid sería casi intransitable.
Hitos kilométricos, merenderos, bancos salpican el recorrido. Además de postes y señales en cada cruce que impiden que vehículos a motor circulen por la Vía Verde. Y todo en muy buen estado de conservación. Me quito el sombrero.
Como íbamos sin prisa y regaladitos se me ocurrió preguntarle a la tropa si les apetecía parar para tomar un aperitivo. La respuesta por parte de los niños fue rotunda: claramente sí. Pero el recorrido en ese punto, la recta infinita, no ofrecía ningún apartadero donde parar con comodidad así que decidimos continuar adelante un poco más.
La ruta está muy bien señalizada pero encontramos un error en el recorrido indicado por la web. Según este, la Vía Verde continúa recto pasando por la derecha de la estación en ruinas de la foto de arriba. En cambio las flechas (y una alambrada que impide el paso) señalan un cambio de dirección a izquierda por una pista en muy buen estado y un nuevo giro a la derecha para tomar un camino que definitivamente nos lleva a la estación de Peñas Blancas. Intuyo que este camino que estuvimos obligados a tomar (en naranja) es bastante más atractivo que el del trazado en verde que propone la web de Vías Verdes. Lo "malo" es que tenía un par de cuestas.
En este tramo el camino transita por campo abierto, sin alambradas o muros a los lados, y bien podríamos haber echado la manta debajo de una encina para comer, pero como estábamos tan cerca de Peñas Blancas convencimos a los niños para llegar hasta la estación y comer allí. Ya pasaba de las 14:00 y no merecía la pena hacer una parada para el aperitivo y otra para comer.
Nos sorprendió gratamente encontrar merenderos con sombra en Peñas Blancas aunque uno de los sombrajos estaba en el suelo con los postes serrados, no nos imaginamos el motivo.
Pusimos la manta a modo de mantel sobre una de las mesas y sacamos comida y bebida para preparar unos bocadillos de jamón con tomate. No es buena idea, tomad nota, comer jamón durante una ruta en bici un día de calor. Luego pasa que el agua escasea.
Pero en ese momento no lo habíamos pensado y... ¡Qué bien supieron los bocatas!
Tras hacernos algunas fotos, jugar un rato y charlar con un señor que llegó en su todo terreno y que nos estuvo contando sobre el lugar ya que se habría criado por allí retomamos nuestro camino.
Nos quedaban apenas cuatro kilómetros y medio de Vía Verde y la recorreríamos con la barriga llena.
No habíamos avanzado ni 100 metros cuando vimos un charco plagadito de renacuajos. La parada, claro está, era obligatoria. Estos pequeños alicientes son los que hacen que los niños recorran distancias razonables sin aburrirse demasiado. Ellos no disfrutan, como nosotros, simplemente de dar pedales mirando el paisaje.
Poco antes del final de la Vía Verde atravesamos la "Trinchera Bonita". Reconozco que al leer esta referencia en las flechas indicativas pensé que se trataría de arqueología de la Guerra Civil, pero no. En este contexto una trinchera es un desmonte que se ejecuta para que el tren pueda atravesar una loma. Y hay varias a lo largo del recorrido, siendo esta "Trinchera Bonita" la más representativa. Las paredes de la trinchera estaban aseguradas con malla metálica porque como pudimos comprobar la roca es quebradiza y se pueden producir desprendimientos con relativa facilidad.
Esta última parte de la ruta es significativamente más bonita que la primera parte. Casi sin darnos cuenta llegamos al final del recorrido, a mitad de camino entre Villanueva del Duque y Bélmez. Paramos para refrescarnos y comer unas galletas. Andábamos mal de agua, el jamón y el calor habían hecho estragos. Pero lo peor es que a Lourdes, que se paraba a cada momento a revisar las esparragueras porque esta primavera se han dado muy, pero que muy bien los espárragos trigueros, le picó una abeja en la oreja, que se le puso roja como un tomate y le dolía a rabiar.
La vuelta, por el mismo camino que la ida al ser las Vías Verdes recorridos lineales, se hizo más ligerita porque además de ser en ligera cuesta abajo rodábamos por camino conocido y no era menester pararse a revisar todo lo que nos llamara la atención... salvo por la excepción de una charca que era parada obligada y en la que pudimos ver algún que otro pez.
Cinco horas y poco menos de 30 kilómetros después llegábamos de vuelta a la estación de El Soldado. Montar de nuevo las bicicletas en los coches nos llevó cerca de media hora al sol, por si llevábamos poca sed y poca quemazón (eso yo, que no me puse crema). Se hacía obligatoria una parada en un bar para reponer líquidos y tomar un merecidísimo helado. Y así se hizo en Villanueva del Duque.
Son ya varias las Vías Verdes que hemos ido recorriendo y esta es bastante recomendable. Pero ni de coña en Verano. El campo estará quemado, los charcos secos y el calor apretará demasiado. A no ser que se opte por recorrer este trazado en ruta nocturna, que tiene que molar mucho. ¡No lo descartemos para futuras aventuras!
martes, 5 de abril de 2022
Nueva bici vieja para cicloturismo
Si sois lectores habituales de este blog recordaréis que a finales de enero compré (muy barata) una bicicleta de montaña muy sencilla con la idea de hacerle pequeñas modificaciones y utilizarla para rutas familiares, viajes y "dominguerismos" de andar por casa. Podéis encontrar la descripción en esta entrada. La bici tal y como la compré estaba así:
Bielas de Aliexpress muy guarreras y monoplato de 30 dientes también chino. Sin complejos, otra de las premisas de esta bici es que no tuviera demasiado valor de manera que estos dos componentes son perfectos. Unos pedales de plataforma que ya he usado varias veces en escapadas de vacaciones con bici completan el conjunto. El eje es de cuadradillo y también es chino y nuevo.
No suelo hacerlo pero en esta ocasión he reutilizado los puños de espuma de la Conor porque al ser del mismo color que el sillín me parecía que quedaban bien. El mencionado mando de cambio Shimano Deore funciona de maravilla. El manillar lo tengo desde hace años y luce una serigrafía que indica que es de escandio. Este material se alea con aluminio para conseguir un metal más resistente y ligero que el propio aluminio. No estaría yo muy seguro de que este manillar tenga de escandio solo la pegatina, pero sí puedo garantizar que es ligerito. He reutilizado para esta bicicleta el primer "ciclocomputador" que compré allá por los años 90 y que curiosamente también es Conor. Y funciona perfectamente. Tampoco se ven en esta última foto pero si volvéis a la primera veréis que he aprovechado los acoples de manillar ("cuernos"). Se agradece poder cambiar de posición las manos en tiradas largas, esto lo sé por experiencia.
Y para terminar de describir el "cockpit" haré referencia a las manetas de freno. Una EXS con ajuste de tensión (como todas) y con la opción de regular la distancia de la maneta al manillar que simplemente cumplen su función.
Sí me hacen un poco más de "tilín" estos frenos V Shimano LX. No tienen el sistema de paralelogramo de sus hermanos mayores XT y XTR pero son taaaaaaaaaan bonitos... venían montados en una bicicleta de rueda de 18 pulgadas que compré a mi hija la pequeña hace un tiempo y me parece a mí que costaban más los frenos de lo que costó la bici. Sin duda no vendrían de serie. Estos frenos funcionan muy bien con las llantas Mavic que van montadas en las ruedas, formando conjunto con unos bujes Shimano Parallax noventeros que compré hace años para una bicicleta que estaba montando a Lourdes (mi esposa querida) pero que me gustaron por ser muy ligeras y se las puse al final a la bici que yo tenía por aquel entonces.
La horquilla tampoco es un alarde pero cumple sobradamente. Se trata de una Manitou SX E de 80 m de recorrido (creo recordar) de principios del siglo 21 de funcionamiento por muelles que agradecería un mantenimiento. Es 100% fiable y no demasiado pesada. En contra es muy rebotona, pero no importa demasiado en este bici.
Y para terminar, las cubiertas. Unas Maxxis Larsen TT en medida 1,90 que tenía montadas en la Kona Explosif y que le van de perlas a esta bici por lo ligeras y lo rodadoras. Además de ser estrechas tienen el taco pequeño y junto. Unas cubiertas MUY recomendables, tomad nota. Las llevo montadas con cámaras porque no siendo esta una bici que yo vaya a usar con frecuencia no quiero estar pendiente de reponer el líquido tubeless.






















































